domingo, 15 de agosto de 2010

"Cuando rías, reirán contigo. Cuando llores, llorarás SOLA".

Tengo varias cosas por decir. Primeramente, respecto al título, estoy comprobando en mis carnes, su certeza. Por consiguiente está acrecentando todavía más mi odio hacia todos.

Ya lo he intentado todo para intentar encajar. Hace algunos años, cuando era una niñata de tan solo 15 años intentaba amoldar mi carácter según la persona con la que estaba tratando, intentando ser más amable, más distante... según requisiera la situación. Realmente tampoco me funcionó mucho más de lo que funciona hoy día mi frialdad extrema.

Últimamente, no comprendo nada. Conozco personas que tratan a los demás como si fueran mierda, y la vida les trata bien, con lo que me cuestiono bastante eso que llaman "karma".
Sin embargo, toda esta gente no tiene ni idea del sufrimiento ajeno que provocan con su trato, al igual que con sus mentiras. Supongo que no conocen en absoluto la sensación de ahogo provocada por ese "agujero" en el pecho que tanto escuece y esas ganas de llorar, en las que ya es imposible hacerlo, pues esa agonía se transforma en rabia y arrastra toda ansia de llorar convirtiéndola en unas profundas ganas de gritar hasta que rebienten las cuerdas vocales.

Siempre he odiado la mentira, siempre. Y pese a mi carácter distante, jamás he hecho daño a nadie con una mentira, nunca. Pero desgraciadamente, me he encontrado a bastantes subnormales que vieron en esto de mentir, una buena ocasión para alimentar su ego.

A día de hoy, cuando conozco a alguien, jamás me creo sus palabras ya. Es más, siempre les digo que van a incumplirlas, y ¿sabéis? lo mejor de todo es que es cierto. Tarde o temprano, acabo por tener esa razón que ellos se empeñaban en negar. Aunque tenga 19 años, me he encontrado con demasiados mentirosos, y ya no hay ninguna posibilidad de poder confiar en nadie. Todos mienten, TODOS.

Pero todo esto está teniendo consecuencias fatales. Lo poco que me quedaba de sensibilidad está muriendo, apagándose, consumiéndose... y no volverá nunca.

Recuerdo, de más pequeña, que era bastante más cariñosa con la gente, pero según pasa el tiempo me estoy convirtiendo en mármol, antes, muchas personas, con el simple hecho de mirarme a los ojos o mi semblante, adivinaban si estaba alicaída por alguna razón. Ahora, tras mi mirada inescrutable y mi semblante serio, nadie tiene el poder de saber ni una pizca más de mí, a no ser que yo previamente les otorgue ese derecho, cosa que nadie ha conseguido aún, y dudo mucho que aparezca alguien merecedor de eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

vomitado por: