Ahora mi orgullo camina conmigo. La fuerza aporrea mi cuerpo, otorgándole la vida que él me arrebató. Lo sé, he fallado, he incumplido mi primera regla ("Nada ni nadie podrá herirme con cualquier acción y/o palabra). Me siento avergonzada por haberle otorgado un cierto poder con el que casi logra destruírme, remarco, casi. Porque sigo manteniendo mi honor, pues he logrado levantarme en un tiempo récord. Me temo que me permití el lujo de sentir demasiado, y acabé con una sobredosis. He perdido la costumbre en eso de "sentir", cada vez se apaga más la llama, y cada vez el listón está más alto a la hora de encontrar a quién sea capaz de hacerme sentir "algo". Y desgraciadamente me dejé convencer por una lengua lisonjera (envenedada, por supuestísimo).
Como consecuencia, mi otro yo ha muerto. Sí, aquél que aún albergaba algún tipo de confianza en la humanidad. Está comprobado que no. Ya lo dijo el sabio Hobbes: "homo homini lupus". Él ya era consicente del egoísmo propio del ser humano y de la capacidad innata para hacer daño.
De todos modos, pienso que si pierdo la fe en la humanidad, pierdo la fe en todo, por lo tanto, nada tiene sentido, ¿no? entonces, ¿qué hago aquí si todo es infructuoso, vano?
Sea lo que fuere sólo importa una cosa: que sigo aquí, en pie, escudo en mi mano izquierda y mi espada en la derecha, ¿el casco? no es necesario, doy la cara, muestro quién soy, y en mi mirada puede apreciarse todo el odio interior que oculto.
Contra él, contra los puntos débiles. Esta soy yo; y esta es mi guerra.
Como consecuencia, mi otro yo ha muerto. Sí, aquél que aún albergaba algún tipo de confianza en la humanidad. Está comprobado que no. Ya lo dijo el sabio Hobbes: "homo homini lupus". Él ya era consicente del egoísmo propio del ser humano y de la capacidad innata para hacer daño.
De todos modos, pienso que si pierdo la fe en la humanidad, pierdo la fe en todo, por lo tanto, nada tiene sentido, ¿no? entonces, ¿qué hago aquí si todo es infructuoso, vano?
Sea lo que fuere sólo importa una cosa: que sigo aquí, en pie, escudo en mi mano izquierda y mi espada en la derecha, ¿el casco? no es necesario, doy la cara, muestro quién soy, y en mi mirada puede apreciarse todo el odio interior que oculto.
Contra él, contra los puntos débiles. Esta soy yo; y esta es mi guerra.

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