Últimamente, no sé por dónde debo seguir. Mis pasos no sé si van a llevarme a algún lugar. Las autoclases de positivismo se me han acabado, ya no hay excusas. Sólo tengo la realidad ante mis ojos, y duele.
Empiezo a ser consciente de lo que me rodea, de palpar los barrotes que me aprisionan, de sentir el dolor de los grilletes que me aprietan, y de escucharme por las noches gritar en sueños...
Dicen que todo cambia, que todo llega... me hablan sobre la paciencia... pero yo ya no les creo.
El silencio siempre vuelve, y gracias a él puedo escuchar el ritmo de mi respiración, mis latidos, que disminuyen, poco a poco... como si se tratasen de un reloj que cuando llegue a las 12 se parará. Y entonces las palabras no serán necesarias.
De todos modos... aunque me siga autoengañando con metáforas sobre hielo, sigo pensando que: Sur l'autre rive je t'attendrai...

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